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| Sábado, 16 de septiembre de 2000 |
Volamos
hacia Munich.
El avión salió a las 8,00 de Madrid y llegamos a Munich a las 10,15
aproximadamente.
Primera incidencia: en destino, Miguel A.
no tiene su equipaje. Al parecer, Lufthansa ha extraviado su maleta y
bien podría estar en Colonia o, quién sabe, incluso en Madrid.
Primer golpe de suerte: alquilamos un coche desde Madrid. Fuimos
a recogerlo en Hertz de Munich y el empleado nos cambió el Opel
Vectra que teníamos apalabrado por un Fiat Ulysse
(monovolumen de 7 plazas, 2000 c.c. 16V).
El primer día fue lluvioso. Salimos de Madrid con buen tiempo y
Munich nos recibió con lluvia. Pasamos la mañana en Munich y comimos
en un McDonnalds dado nuestro poco poder
adquisitivo en un país como Alemania donde el salario medio dobla
el nuestro. España
va bien.
Hicimos algunas compras en unos grandes almacenes de Munich de donde
nos echaron a las 16,00 h. sin ningún tipo de contemplación, pues
cerraban a esa hora y son alemanes.
Salimos hacia Viena. Más de 300 Km en ese confortable coche. Autopistas
muy buenas. Llegamos de noche.
Amabilidad en recepción del hotel. El chico chapurreaba el español.
Lo primero que me sorprendió fue la simpleza de las camas que luego
se repetiría en los otros 3 países: una gran almohada enfundada,
una funda-sábana con un edredón en su interior y la sábana que cubre
el colchón. No hay más.
Cenamos en la habitación del hotel con Federico y Ramón, o sea,
con el jamón de jabugo y el queso que habíamos llevado. Fulgencio,
el lomo ibérico, sigue impoluto y lo reservamos para mejor ocasión. |
Munich
Miguel
Ángel, José Luis, Eduardo, Alfredo y José
Pablo
En puertas del Palacio de Viena |
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Fiat
Ulysse |
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Domingo, 17 de septiembre de 2000 |
Viena
| Teatro
de la Ópera de Viena |
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Amanece, que no es poco. Desayunamos en un comedor
muy cuco de ese hotel de Viena que nos hospedaba, Hotel Capri,
desayuno a base de panes de la zona, con pasas, sésamo y otras cosas
raras.
Bajamos a recepción y ahí estaba la maleta de Miguel. Por fin.
Salimos a la calle sin el coche dispuestos a patearnos la ciudad.
Lo primero que vimos fue una carrera de patines por la calle principal.
Muchas bicicletas con sus respectivos carriles reservados, casas
muy cuidadas y de construcción sólida y bonita. Amplias calles,
parques, todo muy limpio... así es Viena.
Estuvimos ocho horas andando y conocimos los principales puntos
de interés. En el casco antiguo destaca el empedrado de las calles
y el continuo paso de carruajes que dan un toque romántico a la
cuidad.
Por la noche fuimos a un concierto de música clásica en el que predominaron
las piezas de Strauss.
Entre los músicos destacó el encargado de la percusión: hombre grueso
y simpático que amenizaba el espectáculo bromeando con el público
mientras tocaban.
Salimos del concierto y quisimos conocer Viena la nuit. El ambiente
nada tiene que ver con el de España. Ya quisieran. Encontramos un
Pub llamado Sky Bar, ubicado en la planta de arriba de un centro
comercial de la calle más frecuentada por turistas, como pueda ser
la calle Preciados de Madrid. El garito ofrecía un aspecto de lujo
y seriedad. Actuación en directo con piano de cola, saxo, bajo y
solista. Muy bien tocado y muy bien cantado, también cantó en español.
Nos gustó. |
| Lunes, 18 de septiembre de 2000 |
Día dedicado
a visitar lo más atrayente de Viena, es decir, sus inmensos palacios
donde se alojó, entre otros, la famosa Sissi.
Impresionantes las salas de palacio e impresionantes los jardines.
Comimos salchichas
en el quiosco de un parque y pasamos la tarde tranquilos. Fuimos
a la noria
del Pratter (película "El Tercer Hombre" de Orson W.) desde donde
se ve toda la ciudad y nos acostamos prontito con intención de reservar
fuerzas para el día siguiente. |
Viena
Jardines
del
Palacio Imperial de Viena |
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Martes, 19 de septiembre de 2000 |
Budapest
| Vista
de Pest |
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| En
el Palacio de Buda |
Coches
húngaros |
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Salimos
por la mañana rumbo a Budapest.
El viaje duraría dos horas aproximadamente. En frontera llamaban
la atención los rancios uniformes
de lo húngaros. Trajes de camuflaje carentes de estilo. Una cutrería
sin parangón. Cruzamos la frontera y comenzamos a ver esos coches
del este que contrastaban con los cochazos que habíamos visto en
Munich o en Viena. Skoda, Wattburg, Lada 1430... De cada tres coches,
dos parecían de desguace.
Llegar y besar el santo. No teníamos alojamiento y fuimos a la aventura.
Vimos un cartel que señalaba hacia una residencia. Preguntamos y
no había plazas. A la vuelta de la esquina había otra, al lado de
una universidad. Nos indicaron que teníamos dos opciones: la parte
de abajo, con camastros y duchas comunes, entre cucarachas, o la
parte de arriba, reservada a profesores pero con habitaciones libres.
Deshechamos las mazmorras para quedarnos con la opción 2. Por 3.800
pts por persona y día, nos dieron dos dúplex con cocina y baño.
Estaban abohardillados (salón, baño y cocina, abajo; camas y televisión,
arriba) y tenían esa ventanita de tejado a través de la cual se
veían las estrellas desde la cama.
Nos instalamos y a las 13,00 h. ya estábamos en danza por la ciudad.
La residencia estaba en Buda y
nosotros cruzamos el Danubio para ver Pest.
Primera impresión: más mundano que Viena y, sobre todo, muy barato.
Nada más cruzar el puente vimos un mercado y nos impresionó sobre
manera su inmenso interior donde no sólo se vendían alimentos sino
también toda clase de souvenirs.
Comimos en el banco de un parque unas latitas de atún y poco más.
Tomamos nuestra primera cerveza en una terraza de una cervecería
con buen aspecto exterior. Llegó la noche y paseamos por esas calles
empedradas y bacheadas que delataban las malas infraestructuras
de un país en vías de desarrollo. Tranvías, puentes y gente, mucha
gente. A Eduardo
le gustó una joven y decidió decirle Good Night. La joven le hizo
caso y, como no podía ser de otra manera, resultó ser una mujer
de mal vivir de la que tuvimos que huir despavoridos.
Cenamos en un sitio muy enfocado al turismo y, por tanto, nos clavaron
(para ser Budapest, claro). La presentación tanto del restaurante
como de las platos que ahí servían, con muy buen gusto. |
| Miércoles, 20 de septiembre de 2000 |
Tomamos
ese desayuno típico de centroeuropa. Esos panes, esa mortadela,
ese queso, esa mermelada a granel... y salimos a ver Buda pues Pest
ya lo vimos el día anterior. Buda
es más tranquilo y residencial. Pest es
más turístico y comercial.
Entramos en el laberinto de Buda y aquello recordaba al famoso videojuego
llamado Doom. Una gruta con húmedos pasillos. Allí hallamos fuentes
de las que manaba vino. Yo bebí
de esa fuente y hay testimonio en vídeo. El vino estaba muy rico.
Comimos en un bar metido en una callejuela en obras. Ahí no hablaban
ni inglés. Con gestos y con la ayuda de un espontáneo logramos pedir
una comida típica. Fue bueno y barato. En Budapest es costumbre
dejar un 10% de propina cuando no te la incluyen en el precio y
dejamos un poco más.
Por la tarde subimos al monte Gellert.
Situado en Buda, está coronado por una estatua que simboliza la
liberación. Desde ahí se ve todo Budapest y desde ahí vimos la puesta
de sol y aquella glamurosa ciudad llena de luces con sus puentes
iluminados y la grandiosidad del Danubio.
Compramos un poco de comida y aprovechamos la cocina del dúplex
para hacer una cena a la española: revuelto de champiñón, jamón,
lomo, queso, ensalada de tomate, etc. |
Pudapest
| Subida
al Monte Gellert |
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| Jueves, 21 de septiembre de 2000 |
Budapest
| Vuelta
en Barco por el Danubio |
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Vista
del Danubio |
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Visitamos
la Sinagoga Judía donde un tipo raro que debía ser el cura se puso
a cantar con emoción. Allí estuvimos con los gorritos de judío.
Alfredo
y Miguel Ángel
parecían terroristas islámicos. Vimos alguna cosita más y nos
dimos una vuelta en barco por el Danubio.
Nuestra intención fue ver la Isla Margarita. Las reglas son: 1.barco
llega a isla; 2.nos apeamos; 3.vemos la isla en una hora; 4.el barco
nos recoge; 5.volvemos al punto de partida. Los pasos 2, 3 y 4 nos
los saltamos a la torera: llegamos y nos volvimos con la tripulación.
¿Por qué? por problemas de próstata. Alguno del grupo quiso evacuar
en el barco y, entre tanto, el barco partió de retorno.
El viaje por el Danubio fue muy relajante y nos sirvieron vino y
una bebida típica. Por megafonía explicaban lo que veíamos y ponían
valses.
Comimos en un Restauante muy bien puesto. Por fin probamos el Gulasch.
Comimos muy bien.
Con mucha prisa nos vestimos para ir a la ópera donde llegamos justitos
de tiempo. Por 500 Florintos (324 pts) vimos La Traviata
de Verdi. Cantos en italiano y subtítulos en húngaro. No entendimos
nada pero José Pablo
(también llamado Juan Pedro) nos lo iba explicando porque leyó una
guía en inglés. La música, muy bonita. La soprano correcta y el
Tenor, un poco corto.
A la vuelta no sabíamos qué hacer. Llegamos a la residencia y vimos
muchos jóvenes agolpados en la puerta del colegio mayor de al lado.
Era una fiesta universitaria. Copas a 210 Florintos (136 pts). Qué
más se puede pedir...
Nos acostamos muy tarde pese a que al día siguiente salíamos de
viaje hacia Praga. Dormimos muy poco. |
| Viernes, 22 de septiembre de 2000 |
| Por la
mañana hicimos las compras pertinentes en ese gran mercado que vimos
el primer día al llegar: souvenirs, camisetas, etc. Comimos en el
coche unas hamburguesas del Burger
King. Más de 600 Km por delante hasta Praga. Atravesamos Eslovaquia,
pasando por Bratislava
y tuvimos que esperar dos horas en la frontera para entrar a Chequia.
Llegamos muy tarde a Praga.
José Pablo había reservado cinco plazas en un hotel y nos dieron
con la puerta en las narices. Lamentable. La suerte, gracias a Dios,
seguía con nosotros. Al lado había un hotel mejor y más barato;
Hotel Confort, a las afueras de Praga. Nos dieron alojamiento y,
en vez de tres noches, nos quedamos cuatro, por lo confortable,
haciendo honor a su nombre, y por lo que nos gustó la ciudad. |
Praga
| Reloj
de la Plaza |
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Sábado, 23 de septiembre de 2000 |
Praga
| Puente
de Carlos IV |
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El chófer
improvisado nos soltó en la Plaza de
Wenceslao. Tenía "cosas que hacer". Todo lo que había visto
el día anterior se tornó en magia. La zona por la que pasamos el
día anterior no decía nada: una ciudad normalucha como pueda ser
Valladolid. Pero llegó lo bueno. La plaza central y sus callejuelas;
el Puente de
Carlos IV; el reloj... Todo enfocado, eso sí, al turismo. Miles
de tiendas y de artículos. Lo de que la magia surge a la vuelta
de la esquina es cierto. La cerveza
es muy buena y muy barata. La comida, también: hay menús por menos
de 1000 pts en restaurantes muy cuidados. Vimos bonitos escaparates
de cristal de Bohemia, tiendas de marionetas preciosas, joyerías...
Terminamos el día tomando una cerveza delante del fantástico reloj
(al que por la mañana habíamos subido para divisar desde lo alto
toda la ciudad) en el que se congregaban todos los presentes para
ver las campanadas de la señal horaria.
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| Domingo, 24 de septiembre de 2000 |
Otra vez
más, desayuno típico. Mortadela, queso, panes...
Visitamos la Iglesia
de San Nicolás. Gran cúpula bonita por fuera y mejor por dentro.
Después fuimos al Palacio donde se encuentra la Catedral de
San Vito y llama especialmente la atención la Callejuela del
Oro con un encanto especial.
Visitamos el Barrio Judío del que destaca el Cementerio
Judío. Miles de piedras muy juntas en un espacio reducido.
Comimos un menú y por la noche fuimos a una cervecería "típica". |
Praga
Los 5
magníficos
en la Callejuela del Oro |
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| Lunes, 25 de septiembre de 2000 |
Karlovy
Vary
| Karlovy
Vary |
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Día dedicado
al descanso. Sin prisas. Nos levantamos tarde. Cogimos el coche
y pusimos rumbo noroeste. Conocimos un pueblo precioso: Karlovy Vary.
Lleno de fuentes de las que salían aguas a diferentes temperaturas.
El pueblo está dividido por un río muy bonito y un paseo bien decorado.
Hay varios balnearios y la gente va por las calles con una jarrita
especial bebiendo agua caliente. Está mala pero debe ser muy buena...
Volvimos pronto prontísimo a Praga a una velocidad de vértigo, "como
alma que lleva el diablo".
Urgencias de alguno. A las 7 de la tarde estábamos en Praga.
Por la noche fuimos a tomar unas cervezas, jugamos a los dardos y volvimos a
una cervecería "típica".
Nos acostamos relativamente pronto para madrugar y abandonar Praga
al día siguiente. |
| Martes, 26 de septiembre de 2000 |
Viaje
a Salzburgo.
la ciudad de Mozart.
Unos cuantos kilómetros y en la frontera no nos pidieron ni el pasaporte.
Llegamos a Salzburgo y todo eran vacas.
Por las calles, todo vacas: vacas plateadas, vacas al revés, vacas
con corbata... Y es que decoraron las calles con vacas. Luego hemos
visto esas mismas vacas en Bilbao y es que se trata de una exposición
europea y las van enseñando por distintas ciudades .
Es una cuidad que podríamos denominar "pija". Todo son boutiques
y joyerías. Restaurantes de lujo. Ni un duro para ellos: nos instalamos
en un albergue, a mi juicio bastante bueno. Nada más llegar, bajamos
al jardín de la entrada y sacamos a Federico, Ramón y Fulgencio
(jamón, queso y lomo, respectivamente), empezamos a cortar y a comer
ante el asombro y admiración de todos los guiris. Buen banquete.
Visitamos la ciudad por la noche y tomamos unas cervezas en un pub
irlandés muy bien montado donde aprovechamos para ver los goles
de la Champions League. |
Salzburgo
| a vista
de pájaro... |
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| Miércoles, 27 de septiembre de 2000 |
Salzburgo
| Mozart |
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Paseo
por la ciudad de Mozart. Una gran iglesia,
de lo mejorcito que hemos visto junto con la Iglesia de San Nicolás
de Praga. Ahí tocó Mozart en su días. Era una iglesia castigada
por la guerra y recientemente remodelada. Me llamaron la atención
los cuatro órganos situados cerca del altar, uno en cada esquina.
Subimos en funicular a la fortaleza de Salzburgo. Desde arriba se
veía toda la ciudad.
Hicimos compra para repetir el homenaje del día anterior en el jardín
y poner los dientes largos a nuestros vecinos de albergue. Tomate,
comida preparada, pan, fruta, pasteles... acompañaron a Federico,
Ramón y Fulgencio.
Por la noche, otra vez al pub inglés donde vimos los goles del Real Madrid. Ganó 3-2
en Munich tras ir todo el partido por detrás en el marcador. En
la mesa de al lado había unos alemanes que cantaron el himno
del Madrid en tono jocoso cuando el Bayern marcaba. El que ríe
el último, ríe mejor. El tercer gol del Madrid fue celebrado por
nosotros con risas y algún corte de manga. |
| Jueves, 28 de septiembre de 2000 |
Viaje
a Munich. Se acercaba el día de la vuelta. Llegamos a Munich por
la mañana y fuimos directos a la Oktoberfest
2000 (La Fiesta de la Cerveza). Miles de personas por ese recinto
y ocupando todas las mesas. Casi imposible andar y más difícil comer.
Pero la suerte seguía acompañándonos. Entramos en una de las carpas
y se levantaban unos viejetes. Allí nos sentamos y comimos: patatas
muy ricas, "salchichofen", chucrut, carne en salsa y cerveza, mucha
cerveza.
Tras la comida, la modorra se apoderó de nosotros y fuimos al coche
a descansar. Coche grande pero incómodo para cinco tíos con intención
de descansar.
Pasó la tarde y volvimos a la Oktober. No había sitio ni para un
alfiler pero lo encontramos. Querer es poder. Compartimos banco
con unos alemanes. Allí bailábamos sobre los bancos al son de la
música de una banda que tocaba en el centro de la gran carpa. "Hey!
Hey, Baby! I wanna know if you be my friend..." Todos los malditos
alemanes cantando esa canción del año 94... y a las 11 de la noche,
cerrojazo. Apagan la luz, viene la policía, y todo el mundo a casa,
conformes y con la sonrisa puesta. Teníamos hambre y no legamos
a la "salchichofen" porque la persiana del chiringuito se iba cerrando
mientras servían a los últimos afortunados. En cuestión de 5 minutos
todo estaba cerrado a cal y canto. Todos a dormir y nosotros, esa
noche sin alojamiento. Decidimos ir a Füsen,
a 120 Km de Munich, donde teníamos reservado albergue para el sía
siguiente, por si nos acogían esa noche. Llegamos a las 2 de la
madrugada y ya estaba cerrado el albergue. Tuvimos que dormir (el
que pudo) en el coche. |
Munich
Vista
nocturna de
la Fiesta de la Cerveza |
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| Viernes, 29 de septiembre de 2000 |
Füsen
| Castillo
de Neuschwanstein |
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Derrotados,
repusimos fuerzas tomando un café de mala muerte y un bollo. Esperamos
hasta las 10,30, hora a la que pudimos instalarnos en nuestra habitación.
Dejamos todo y nos fuimos al "Castillo
de Blancanieves" y lo llamo así porque Walt Disney lo copió
y porque su verdadero nombre es algo así como Neuschwanstein. Entre
montañas y vegetación y al lado de dos lagos se eregía aquel castillo
de cuento de hadas. Muy bonito por fuera y por dentro. El entorno,
inmejorable.
Volvimos a Füsen-pueblo y comimos, cómo no, "salchichofen" y cerveza.
Nos miraban raro y no era la primera vez y es que en esos países
de Dios son muy estrictos con las horas y nosotros pedíamos de comer
a eso de las 14,00 h. o las 17,00 h., o sea, por la tarde. No puede
ser.
Por la noche preguntamos por algún bar de copas. Un gesto vale más
que mil palabras. La chica alemana a la que preguntamos dijo que
en ese pueblo, poca marcha. Acabamos en un pub cercano al albergue.
Tomamos una cerveza y nos fuimos a dormir. Esa noche durmió un chino
en nuestra habitación. |
| Sábado, 30 de septiembre de 2000 |
De camino
al Castillo de Linderhoff, paramos en Garmisch,
un pueblo con mucho encanto y mucho comercio.
Visita al Castillo
de Linderhof. Menudo chiringuito tenían montado Luis XIV y Luis
XV!!!. Ahí a todo lo llaman castillo pero esto, en realidad era
un palacete con todo lujo de detalles. El jardín supercuidado con
una fuente presidida por una figura dorada. En los alrededores mandó
construir una gruta, un templo pequeño y más chuminadas.
Cenamos en el albergue con Federico y Ramón pues Fulgencio murió
el día antes. Salimos un rato al jardín del albergue a charlar bajo
las estrellas y a planear el regreso del día siguiente. |
Garmisch
| Castillo de Linderhof |
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| Domingo, 1 de octubre de 2000 |
Hala Madrid!!!
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Madrugamos.
A las 7,00 h. sonó el despertador y, a modo de cuartel, fuimos pasando
a las duchas para posteriormente desayunar antes de que cerraran
la cocina (a las 8,00). Salimos en el monovolumen hacia Munich y
dejamos el susodicho con puntualidad en el aeropuerto. Cogimos el
metro y... a la Oktoberfest. La multitud era apabullante. Hicimos
un par de compras y nos largamos de ahí como alma que lleva el diablo.
Buscamos un Burger King y comimos sin prisas. Caminamos un poco
y cogimos el metro hacia el aeropuerto. Después de 15 días volvió
a llover. Lorenzo
venía con nosotros: salimos de España con Lorenzo. Llegamos a un
Munich lluvioso y la lluvia cesó durante 15 días para trasladarse,
junto con el frío, a la península. Este Domingo facturamos el equipaje
por la mañana y a Lorenzo también para que volviera con nosotros
a España. Que se queden ellos con el frío, la lluvia, la seriedad,
lo estricto y esos idiomas tan feos... |
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