Viaje a Puerto Ricovolver  
 

Sábado, 14 de septiembre de 2002

La salida estaba prevista a las 12,50 pero hubo un retraso en el vuelo, de esos que se dan una de cada diez mil veces, saliendo a las 17,30. Esto supuso perder un día pues teníamos que haber llegado a la hora de comer y lo hicimos a las 19,30 que en PR es hora de cenar.

El aeropuerto de San Juan (Luis Muñoz Marín) es modesto. No está mal para un país tan pequeño. Pero no puedo pasar por alto un detalle con el fin de avisar a los posibles viajeros; coger un carrito para transportar las maletas cuesta un dólar (no reintegrable) y sólo servirá para recorrer medio aeropuerto porque, llegados a un punto, un empleado nos dirá que abandonemos el carrito. El resto del camino que nos lleva a la puerta (pasillos y escaleras) de salida deberemos cubrirlo cargados como mulas.

Lo primero que vi al salir del aeropuerto fueron esos coches (ellos dicen carros). Bastante más largos que los europeos y muy llamativos por las luces. Marcas americanas y japonesas. Allí estaba el gran Eduardo (compañero mío en el anterior viaje a centroeuropa y hoy afincado en PR) con su Ford Focus esperándonos. Sin él no podría haberse realizado un viaje de esta índole. Eduardo nos llevó a casa de nuestros otros amigos, Pedro y Teresa, en Isla Verde. En el corto trayecto desde el aeropuerto a Isla verde ya pude percatarme de lo terriblemente nefasta que es la conducción allí (o sea, lo que ellos llaman manejar). A pesar de un límite de velocidad escaso (unos 80 Km/h) la conducción es peligrosa porque no hay disciplina, no hay reglas: los intermitentes son ornamentales (incluso hay coches que llevan los dos encendidos y sin parpadeo), el carril izquierdo es para ir cómodo y el que quiera adelantar se tiene que buscar la vida haciendo slalom. La policía, en vez de ir despacito para controlar, va a toda leche. En fin: debemos concentrarnos un 110% si queremos evitar percances.

Tras pasar un rato en casa de nuestros amigos fuimos al Wyndham El San Juan Hotel a tomar una copichuela típica bien fuera de la originaria Piña Colada o del famoso Ron Don Q Limón. El hotel nos pareció bastante lujoso y contaba con un casino.

Nos acostamos a las 2,00 (hora local) tras 24 horas despiertos. Dormimos en el que sería nuestro alojamiento durante nuestra estancia: la casa de Eduardo. Ubicada en Río Grande, a 30 km de San Juan. Se trata de un complejo hotelero llamado The Westin Río Mar, de esos con campos de golf, hoteles, villas y playa privada.

 
DÍA SIGUIENTE

 

Llegada


Salida a las 17,30


Aeropuerto
L. Muñoz Marín


Ford Focus 2.0


Isla Verde


El San Juan Hotel

 

 

volver