Enterrando nuestra historia
Yo creo que Zetapé y sus adláteres
aún no se creen que estén gobernando. Están
viviendo una etapa muy dulce tras haberse encontrado por sorpresa
el poder hace un año. En el fondo no están seguros
de su continuidad y viven al día. Sin ningún
recato y a toda prisa aprovechan para hacer y deshacer, para
llevar a cabo sus caprichos y para sacarse espinas del pasado,
para reavivar viejas rencillas, para aliviar sus resentimientos,
para provocar, para dar muestras de poder…

La retirada de la estatua ecuestre
de Franco llega a destiempo y no tiene sentido. Lo
habría tenido en un momento importante para nuestro país.
Por ejemplo, en esos puntos de inflexión que marcaron
nuestra historia más reciente como la Constitución
de 1978 o al ganar Felipe González las elecciones de
1982. En esas fechas clave, con cámaras que inmortalizaran
el momento, se habría podido entender y habría
colaborado como ingrediente de las crónicas de la época
que, en definitiva, son las que redactan la historia.
Pero después de casi 30 años, y con el agravante
de la nocturnidad y la alevosía, no ha lugar.
La decisión a mi juicio es una infantilada
más de este señor tan corto que nos desgobierna.
Ha querido echar tierra encima de 40 años de
historia como si eso sirviera para que los que vivieron
en esas épocas fueran a olvidar una época que
estuvo marcada por muchas cosas malas y por otras pocas no tan
malas.
Reproduciendo las palabras del sabio Don Jaime:
“Habíamos apartado de nuestras costumbres políticas
los odios, las revanchas y el ajuste de cuentas, que tantas
veces, antes de abrir el ataque a enemigos de carne y hueso,
se encarna en símbolos: banderas, músicas, himnos,
uniformes, estatuas”.
“Señores socialistas del Gobierno: la transición
y su vocación de democracia consistía precisamente
en esto: en que los comensales que salían de una cena-homenaje
a Santiago Carrillo pasaran pacíficamente junto a una
estatua de Franco. Lo otro es volver a las andadas y caer en
la peor nostalgia: la del perdedor”
Espero que el próximo presidente del
gobierno, del signo que sea, se dedique a practicar la tolerancia
que no es otra cosa que el respeto por los que piensan distinto.
Espero que, en beneficio de todos y de la paz,
evite la agresión a los que considera enemigos. Espero
que escuche a los millones de ciudadanos que
no le votaron. Espero que cuente hasta tres antes de tomar ciertas
decisiones. Y, si no lo hace, al menos que no se dedique a ir
presumiendo de demócrata, de talante y de amigo de la
ciudadanía porque el que predica sin dar ejemplo
es un botarate.
MI PROPUESTA
TRAS EL DESATINO:
En ese lugar no estará de más que pusieran ahora
un busto de Don Felipe González Márquez quien
también forma parte de nuestra historia. Nadie lo debería
quitar y así, cuando el día de mañana nos
pregunten nuestros hijos quién es ése, podremos
aprovechar el lance para explicarles el nefasto concepto "corrupción",
igual que hemos hecho con la estatua de Franco y el no menos
nefasto concepto de dictadura.
21 - 3 - 2005
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