Los regalitos del
Ayuntamiento de Madrid

 

En Madrid, el 13 de julio de 2004, en un periódico gratuito de esos que reparten en el Metro por las mañanas, se publicó lo siguiente: Titular: “La EMV sacará 2.500 pisos en venta y 1.000 en alquiler”. Parte del texto, recordando la anterior promoción, decía: “S.P.P., colombiana, de 27 años: “nos ha tocado un piso de tres dormitorios en Carabanchel. Tengo dos niños y nos viene muy bien”. Según está redactada la noticia el mensaje es claro: debemos estar orgullosos del Ayuntamiento de Madrid por facilitar el acceso a la vivienda a los más desfavorecidos y, sobre todo, celebrar lo solidarios que somos con los inmigrantes.

A los redactores del periódico les diría lo siguiente:

Tengan cuidado con el contenido de sus noticias porque hoy en el vagón del Metro la gente iba despotricando y con razón. Ya que ustedes comentan un caso real, podían haber dicho: Gustavo, nacido en Madrid hace 45 años, quien recientemente fue víctima de un ERE después de 25 años trabajando (y cotizando): “nos ha tocado un piso de tres dormitorios en San Chinarro. Tengo tres hijos y nos lo creíamos después de llevar toda la vida intentándolo”.

Hay que tener en cuenta que los que leemos estos periódicos somos trabajadores que todas las mañanas nos desplazamos en transporte público a un lugar de trabajo donde pasaremos todo el día y en el que la inmensa mayoría se las ve y se las desea para llegar a un nivel de renta de 18.000 euros brutos al año, cifra que coincide, más o menos, con el salario medio en España publicado en el BOE.

Debemos igualmente considerar que muchos llevamos bastantes años cotizando a la Seguridad Social y pagando impuestos (el de la renta, el IVA, el de circulación y otros tantos) no viéndonos recompensados de manera tan directa como la colombiana de 27 años aunque, eso sí, disfrutamos de parques, carreteras, colegios públicos, sanidad y todas estas milongas (cada vez más masificadas milongas) que siempre nos han contado para explicarnos dónde va todo ese dinero que nos quitan de la nómina.

Además conviene hacer una breve descripción del perfil de un joven español pues está en él el futuro de su país, nuestro país. El joven español se ha esforzado para alcanzar un nivel óptimo de educación, se ha esforzado para encontrar un trabajo en un mercado laboral que no ofrece más que inestabilidad y precariedad, se esfuerza todos los días para obtener un sueldo con el que, hoy por hoy, no puede afrontar, por ejemplo, la compra de un inmueble. El joven español sigue viviendo con sus padres y con 27 años no se plantea tener 2 hijos porque razona y prefiere no traer al mundo a desgraciados.

Según mis datos el piso de tres dormitorios en Carabanchel adquirido a través de la EMV cuesta 100.000 euros cuando un piso de las mismas características valdría en el mercado 280.000 euros. La diferencia es de 180.000 euros los cuales, pagados a 30 años y con los tipos de interés actuales, suponen un desembolso de 750 euros mensuales tirando por lo bajo. Es decir, un joven que gane 1.500 euros brutos mensuales (1.200 netos) quedaría con una renta neta disponible de 450 euros tras pagar la hipoteca. En base a estos datos, podemos afirmar que el madrileño medio tiene un handicap salarial de 750 euros en contra. Asimismo, podemos decir que a quien le toca un piso de la EMV es como si le tocara el sueldo de Nescafé pues 750 euros durante 30 años que es casi como decir aquello de “un sueldo para toda la vida”.

El resultado de este proceso es la frustración del joven que se ha esforzado en encarrilar una vida digna (estudios, trabajo, planificación familiar...). Frustración al ver cómo cualquier inmigrante que viene aquí con toda la prole tiene prioridad para acceder a una vivienda porque objetivamente tiene más cargas familiares, menos ingresos (que se sepan) y más problemas. Frustración al ver cómo sigue pagando religiosamente todos los impuestos habidos y por haber y los beneficiarios principales son los últimos que llegan, los que menos han contribuido y los que, dada su condición marginal, menos seguirán contribuyendo por aquello de las economías sumergidas. No quiero decir que sólo se den pisos a los inmigrantes; también acceden a ellos los españoles... el grupo de los maleantes, los vagos, los pícaros.... pero, he aquí el problema, no la gente normal. Al final uno siente como algo así como si volviera a su casa después de una dura jornada de trabajo y no hubiera un plato de lentejas para comer porque su mujer se las ha dado al vecino.

Muy señores míos, con todos mis respetos, publicar a modo de alarde la información de la EMV en este diario destinado a los curritos que estamos levantando España es toda una provocación.

Evidentemente, y a modo de aclaración para aquellos que enseguida sacan las cosas de quicio, decir que no estoy en desacuerdo con que S.P.P. (la colombiana) haya recibido la vivienda porque a buen seguro es una persona ejemplar y cargada de méritos para ello. Pero sí estoy en desacuerdo con el sistema. Un sistema carente del incentivo que todo individuo necesita para seguir adelante y cargado de frustraciones. Me parece muy loable que el gobierno trabaje en equiparar a las clases más desfavorecidas pero no lo es tanto un sistema que, mediante un sorteo, coloca a unos cuantos por encima del resto. Del mismo modo, añadiré que no estoy en contra del inmigrante pero sí lo estoy de la política indiscriminada de inmigración que estamos padeciendo desde hace más de un lustro que nos ha llevado a unos niveles exagerados difícilmente absorbibles por nuestra economía y por nuestra sociedad.

En cuanto al tema de la vivienda, el gobierno debería ser propietario de las mismas y limitarse a ceder el usufructo temporal. Parece un tanto ilógico e injusto vender propiedades (que el día de mañana se podrán revender a precios muy superiores) a unos pocos elegidos y a unos precios 3 veces más bajos que los de mercado.

 

 
   
   
   
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