Gracias Pepe

El pasado Jueves se produjo la pérdida de un gran tipo al que hace tiempo no veíamos en TV. Pepe Carrol nos ha dejado. Lamento especialmente este acontecimiento por tratarse de una persona con un magnífico sentido del humor. A mi juicio los graciosos no deberían desaparecer nunca.

Pepe Carroll, natural de Calatayud, se convirtió en uno de los rostros más populares de la televisión española entre mediados y finales de la década pasada. Antes ya se había labrado una carrera como mago -con varios premios nacionales- en Aragón y también en teatros y salas de Madrid y de Barcelona, donde estuvo trabajando mucho tiempo. Estudió en la Escuela de Magia de Zaragoza. Escribió al menos un libro sobre esta materia y actuó, entre otros sitios, en Las Vegas, varios países europeos y en casi toda Hispanoamérica, donde llégó a ser muy popular en Chile.

Vivimos en una sociedad donde imperan los egoísmos, las envidias y la sequedad de muchos individuos. Allá donde vamos encontramos personas a quienes parece que les cuesta sonreír. Nada peor que una cara de ajo y, para evitar este fenómeno cada vez más extendido, sólo una vacuna: el sentido del humor, una de las mejores virtudes que puede tener el ser humano y que cada vez escasea más. Si dicha virtud la adornamos con la maestría que tenía Pepe Carrol para hacernos partícipes de la misma, no me queda más que decir chapó.

Pepe Carrol es uno de esos individuos que para mí es un modelo a seguir. Muchas veces he tartado de imitar su arte de hacer sonreír pero éso no es nada fácil y, en la sociedad en la que nos movemos (sobre todo en el ámbito laboral) ya he aprendido que más vale caer en gracia que ser gracioso, frase tan sabia como triste.

 

 

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