Estafas en los Cajeros

Atención. En esta última semana he vivido muy de cerca una práctica de la que cualquiera de nosotros podemos ser víctima: la sustracción de dinero en cajeros automáticos con cargo a nuestras cuentas a través de tarjetas clonadas.

Lamentablemente el fraude con las tarjetas de crédito ha evolucionado peligrosamente en los últimos años. Teniendo la tarjeta de crédito en la cartera es posible que otra persona la esté utilizando.
Cabría pensar que Internet tiene cierta culpa en esto, pero lo cierto es que estamos expuestos cada vez que entregamos nuestra tarjeta. Con el número y la fecha de caducidad es posible hacer compras no sólo por Internet sino también por teléfono. Y esta es una información confidencial a la que tiene acceso cualquier camarero o dependiente.
Pero la última y más eficaz versión de fraude es la del duplicado. Con la ayuda de un pequeño artilugio, no más grande que una cartera, el criminal copia la información de la banda magnética que luego inserta en una tarjeta de crédito falsa. El mayor problema de este tipo de fraude es que el propietario no es consciente de que le están robando.

Parece ser que hay bandas organizadas que se dedican a duplicar tarjetas de crédito o débito. Es muy posible que algunos cajeros automáticos estén trucados por esta gentuza. Según la policía (que siempre se entera después de que el mal llame a nuestra puerta), colocan un lector de banda electrónica en los accesos de los cajeros que están instalados en habitáculos con puerta de forma que, al pasar la tarjeta para que se ésta se abra, los datos de la tarjeta quedan grabados. Disponen de una infraestructura capaz de crear posteriormente una tarjeta idéntica a la tarjeta de la que han obtenido los datos. Además averiguan nuestro número secreto mediante unas minicámaras que instalan cerca del teclado.

Imagino que estas técnicas, comentadas ya hace tiempo en los medios de comunicación, habrán sido mejoradas hasta ser casi infalibles e inimaginables. Por ejemplo, el hecho de obtener un número secreto puede ser factible colocando una membrana táctil en el teclado o algún producto químico que deje la huella en los números tecleados. Asimismo el acto de obtener los datos de una tarjeta es más fácil aún teniendo en cuenta que cada vez que vamos a pagar a un establecimiento quienes están alrededor nuestro la están viendo (dígitos, nombre, fecha de caducidad…) o simplemente se la damos a un camarero de un restaurante para que nos cobre y éste se la lleva durante unos minutos.

Como ocurre con los accidentes de tráfico, son cosas que oímos y nos las creemos aunque siempre pensamos que no nos pueden pasar a nosotros pero, en este caso, mucho me temo que cada vez tenemos más papeletas para ser estafados. Tenemos que concienciarnos de que cada vez que vamos a un cajero o pagamos con tarjeta tenemos más posibilidades de que nos pase y, por tanto, de ser robados sin darnos cuenta. Por ello, no estaría de más seguir una serie de consejos:

- No pagar en establecimientos de poca confianza en los que el dependiente se lleva la tarjeta para cobrarse (caso frecuente en la hostelería). Y cuando digo “de poca confianza” me refiero a lugares en los que hay mucha rotación de empleados y éstos son inmigrantes pues de todos es sabido que los casos de estafas y delincuencia que vemos en los periódicos los protagoniza esta gente.
- Frecuentar poco los cajeros, y menos los que estén en habitáculo. A ser posible una vez al mes para sacar lo imprescindible para ese mes.
- Recordad que los cajeros con habitáculo se abren pasando por la ranura cualquier tarjeta de cartón, DNI o similar. Evitar pasar la tarjeta de crédito o débito.
- Cuando tecleemos el número secreto, utilizar la otra mano para ocultar los números pulsados.
- Desconfiar de cualquier detalle raro que veamos en un cajero (botones en mal estado, ranuras extrañas, etc…)
- Guardar o destruir aquellos tickets en los que aparecen el número y fecha de caducidad de la tarjeta.
- Consultar los últimos movimientos frecuentemente. A ser posible todos los días a través de Internet y, en cuanto comprobemos que ha habido un reintegro del que no tenemos constancia, anular la tarjeta y poner la correspondiente denuncia.

 

En fin... que, a ser posible, tendremos que volver a tiempos pasados y guardar nuestro dinerito en el calcetín.

 

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