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Matilde esa... SIMANCAS ha rescatado del olvido a Matilde Fernández. Es su gran fichaje, la Beckham de la Federación Socialista Madrileña. Ese partido socialista no puede ir bien si considera que la Fernández es un apoyo de prestigio para una candidatura. Hace meses, Matilde Fernández anunció que abandonaba la política, cuando más bien fue la política la que abandonó a Matilde Fernández. No tenía nada que hacer, ni qué aportar, ni qué decir. Más que pésima, fue una rídicula ministra de Asuntos Sociales. Ridícula e hiriente. En la Asociación de Víctimas del Terrorismo la recuerdan muy bien. Corrían malos tiempos para las familias de los españoles asesinados por la ETA. Y toparon con el resentimiento de una ministra irresponsable. Las víctimas del terrorismo solicitaron al Ministerio de Asuntos Sociales cuarenta millones de pesetas para becas de estudio. La señora ministra, el fichaje de Simancas, se opuso a la solicitud y negó la concesión. Simultáneamente se gastó centenares de millones de pesetas en ayudas inadmisibles. Su actitud fue despreciable. Huérfanos de guardias civiles, de policías nacionales, de militares, de ciudadanos sin recursos, fueron tratados como apestados por una ministra anímicamente deficiente. Y el dinero de todos se derrochó en cloacas. Recuerdo una de las grandes realizaciones de la singular gamberra. Una red de «talleres» femeninos de educación sexual en los que se enseñaba a las jóvenes a masturbarse. La edición de una revista, «La Boletina», que recogía los avances y desarrollos de dichos talleres, cuya visión y lectura hubieran obligado a vomitar al más procaz y nauseabundo profesional de la pornografía. Allí se publicaban los inmorales poemas de una tal Rosa María Roffiel sobre el chichi. A Libia se envió, con cincuenta millones de pesetas, a un grupo de «científicos» para que estudiaran «in situ» la genética de las lentejas. No de los dátiles, de las lentejas, como si en España no tuviéramos suficientes conocimientos acerca de las lentejas. La reacción de la sociedad ante la suciedad moral y ética de la ministra Fernández no se hizo esperar y ABC abrió una suscripción pública para conseguir los cuarenta millones de pesetas que Matilde Fernández negaba sistemáticamente a los hijos de los asesinados por la ETA. En apenas treinta días, el Presidente de ABC Guillermo Luca de Tena y el entonces director, Luis María Anson hacían entrega a la Asociación de Víctimas del Terrorismo de un talón de quinientos millones de pesetas, recaudadas entre los lectores de nuestro periódico. Entre los beneficiados por la turbulenta generosidad de la nefasta ministra destacaron una decena de «agrupaciones culturales» que causaron sonrojo e indignación entre la ciudadanía. Cesada de su cargo, la chica se refugió en la política municipal, y pasado un tiempo, decidió limpiar el aire de la cosa pública con su ausencia. Y ahora, a bombo y platillo, el pobre Simancas, también guerrista, nos anuncia su retorno. Y los que tenemos algo de memoria hemos sentido que se nos caía la cara de vergüenza, pero de vergüenza ajena, porque una persona de ese nivel pueda ser presentada como una garantía de seriedad y prestigio en una lista electoral, y además, con el número dos, para más extenuación de la torpeza. «Muy mal tiene que estar Franco de gente para que nombre alcalde de Madrid a mi nieto Pepito», comentó Romanones cuando fue designado por primera vez -y no fue un mal alcalde- el conde de Mayalde para regir la Villa y Corte. Muy
mal tiene que estar el PSOE de gente para que el pobre Simancas tenga
que recurrir al resentimiento en forma de mujer para fortalecer su
candidatura. La memoria, eso que tan poco abunda, la memoria...
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